migración

            El movimiento de la población entre países o entre regiones del mismo país, para cambiar de lugar de residencia, recibe el nombre de migración. Puede tener doble vía: si se produce de adentro hacia afuera se llama emigración y si de afuera para adentro, inmigración.

            La emigración es la salida de una persona de su país o de su región con el ánimo de fijar en otros su domicilio.

            La inmigración es la entrada de una persona a un país o a una región que no son los suyos, con la intención de residir en ellos temporal o definitivamente.

            La migración se divide en: migración exterior y migración interior, dependiendo de si el flujo se realiza entre países o entre regiones de un mismo país, y migración definitiva o migración temporal, en función del tiempo de ausencia de las personas.

            La diferencia entre el número de inmigrantes y el de emigrantes en un país durante un lapso determinado se denomina saldo migratorio.

            El conocimiento de los movimientos migratorios se obtiene a través de los censos y del registro de pasajeros y es un elemento importante para la planificación económica y social de un país y, particularmente, para la ordenación de su espacio físico.

            Es oportuno hacer las diferencias entre los términos: emigrante, refugiado, desplazado, exiliado y confinado. Emigrante es quien, por cualquier razón, especialmente por motivos económicos, abandona su pais o su ciudad para establecerse en otro lugar donde ve mejores oportunidades de empleo y mejoramiento económico. Refugiado es el que se ve forzado a salir de su país por persecución política y pide amparo y protección en otro. Quien por razones de violencia o desórdenes climáticos se ve en el trance de abandonar su lugar de residencia y trasladarse a otro, dentro de su país, es un desplazado. Exiliado es el expatriado por motivos políticos o religiosos. Y confinado es quien sufre como castigo la reclusión en alguna ciudad o lugar de su propio país, de donde no le es lícito salir.

            El fenómeno migratorio es muy antiguo. Los desplazamientos de la población en las sociedades primitivas se debían principalmente a fenómenos climáticos, que la llevaban estacionalmente de un lugar a otro. Hoy los motivos son diferentes. Obedecen generalmente a causas políticas, económicas o religiosas. La persecución, el terrorismo, las guerras, el desempleo, la inseguridad, la pobreza, la reagrupación familiar desplazan a las personas y a los grupos fuera de sus fronteras nacionales. Esta ha sido la ley de hierro de la migración desde el principio de los tiempos.

            Se atribuye a José Martí la ingeniosa frase de que, "cuando los habitantes de un pueblo emigran, no son ellos los que debían emigrar sino sus gobernantes".

            A comienzos del siglo XXI, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) calculaba que 192 millones de personas vivían fuera de sus países de nacimiento, con inclusión de refugiados y exiliados políticos, de modo que el 3% de la población mundial era migrante. Y el crecimiento de ella marca casi el 3% anual. La dirección de la migración es invariablemente sur-norte, es decir, de los países pobres hacia los países prósperos; y sus motivaciones son siempre: huir del desempleo, de la pobreza y del hambre.

            La OIM es una entidad intergubernamental creada en 1951 para velar por el destino de los migrantes en todas las latitudes y prestar cooperación técnica a los gobiernos acerca de las estructuras políticas, jurídicas y administrativas de la migración, del retorno asistido de los migrantes, de la lucha contra la trata de personas, de las situaciones de emergencia, de la seguridad de los migrantes, de la asistencia a migrantes desamparados, de la seguridad de las remesas de los migrantes a sus países, de la gestión de los traslados, de la migración laboral, de la facilitación de la migración legal y de otros temas cruciales del fenómeno migratorio.

              El principal destino de los emigrantes latinoamericanos y asiáticos son los Estados Unidos de América, a donde llega una de cada cuatro personas que salen de sus países de origen; y Europa es el principal destino de los emigrantes aficanos.

               Según datos estadísticos de la OIM en el 2005, los tres países que enviaban al mundo mayor número de emigrantes eran: China con el 35%, India 20% y Filipinas 7%.

               En todo caso, la dirección predominante de los movimientos migratorios internacionales apunta hacia el norte, hacia los países desarrollados, que constituyen un polo de atracción para las comunidades pobres del sur. Más del 80% de la inmigración en Estados Unidos y el 46% en Europa provienen de los países subdesarrollados bajo el efecto conocido como “pull and push”, en virtud del cual, de un lado, los países industrializados ejercen una gran atracción como fuentes de ocupación y prosperidad y, de otro, las condiciones de atraso, desempleo y pobreza predominantes en el tercer mundo expulsan a los sectores marginales de la población. Este efecto se ve potenciado por una serie de factores ligados al progreso moderno, tales como la revolución de las comunicaciones que lleva a los pueblos imágenes de los posibles lugares de destino y la disminución del costo y del tiempo de los viajes. Operan adicionalmente los reclutadores de emigrantes ilegales  —llamados coyotes en América Latina, a la usanza mexicana—  que explotan el ansia de oportunidades de trabajo de la gente pobre del tercer mundo. El término coyotes, originado en México y acogido por algunos países latinoamericanos  —Ecuador, El Salvador, Honduras y otros—  denomina a los traficantes de emigrantes que, a cambio de remuneración, se dedican a organizar y tramitar la salida de personas que no tienen sus papeles en regla para abandonar su país o para ingresar a otro  —generalmente Estados Unidos o países de Europa occidental—  al margen de la ley.  

           Sólo un muy pequeño porcentaje de los circuitos migratorios se realiza en sentido norte-sur, en concordancia con la

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