internet

            Es una gigantesca “telaraña electrónica” de computadoras enlazadas alrededor del mundo con fines de información. Se inició en Estados Unidos en 1979 para conectar electrónicamente un gran número de centros de investigación, universidades, bibliotecas, bases de datos, archivos y laboratorios. Y se desarrolló masivamente a partir de 1989 cuando los científicos del laboratorio de investigación nuclear CERN, cerca de Ginebra, desarrollaron la world wide web. No obstante, la palabra internet fue acuñada antes, en 1974, por el profesor Vint Cerf de la Universidad de California para designar la interconexión de computadoras.

            A través de internet pueden obtenerse en cualquier lugar del mundo las informaciones que se requieran sobre miles de temas distintos. Internet está en capacidad de proporcionar información sobre todo lo imaginable. No hace falta más que apretar unas teclas del ordenador e inmediatamente la pantalla presenta el “menú” de posibilidades de información.

            El investigador puede entonces seleccionar la que desea y tendrá enseguida ante sus ojos todo el material que se haya publicado sobre un asunto. Por este medio se pueden consultar a distancia libros, documentos, revistas, artículos de prensa, mapas, fotografías, dibujos, partituras y publicaciones de las más importantes bibliotecas del mundo  —Harvard, Masachussetts Institute of Technology (M.I.T.), Oxford, la Biblioteca del Congreso en Washington—  y leerlos en la pantalla del computador. Incluso es factible imprimir las páginas deseadas para facilitar la investigación. Se puede obtener información instantánea sobre la vida política de cualquier Estado mundo.

            El dinamismo de la era electrónica es impresionante. Pensemos en internet. En un minuto de un día cualquiera de agosto del 2017 se cursaron 21 millones de mensajes de WhatsApp, se enviaron 150 millones de correos electrónicos  —emails—,  se abrieron 2,78 millones de vídeos, se escucharon 38.052 horas de músita Spotify  —según datos de la compañía consultora de telecomunicaciones Excelacom Inc., fundada en el año 2000 con sede en Estados Unidos—  y se prestaron masivamente muchos otros servicios alrededor del planeta a través de la red mundial. Y esos índices no han dejado de crecer minuto a minuto, hora por hora, día por día.

            Sus usuarios, situados en diferentes partes de un país o del exterior, están en posibilidad de formar grupos de discusión sobre cualquier tema e intercambiar ideas a escala mundial. Pueden discutir cuestiones referentes a las ciencias, las artes y las letras sin limitación alguna. Están en aptitud de enriquecer sus conocimientos sobre historia, política, economía, ciencias naturales y sociales, ingeniería, técnicas médicas, electrónica, nanotecnología y toda la inagotable gama de los conocimientos humanos. Incluso pueden obtener información sobre temas más prosaicos como la fotografía, la pesca, los deportes, la cocina y actividades recreativas. En los denominados <blogs, que son sitios web gratuitos cuyos textos se actualizan y renuevan permanentemente por sus autores, pueden leerse opiniones, análisis, críticas, informaciones y noticias sobre una inmensa cantidad de temas, abrirse diálogos y discusiones sobre ellos, conocer personas que se dedican a actividades similares o que tienen interés por los mismos temas y formar foros o constituir comunidades en la red.

            Internet es una red de computadoras interconectadas. Esto no sería algo nuevo porque existen otras redes de computadores como la denominada LAN (local area network), que cubre la información de una oficina o una empresa, o la WAN (wide area network) que es más amplia y sirve, por ejemplo, a una ciudad. En ambos casos un supercomputador central abastece a la red y contiene la información y programas que utilizan las computadoras periféricas de ella. En él se guardan los programas y archivos de uso común. Pero las dos fundamentales características diferenciales de internet son: a) que abarca todo el planeta, y b) que no tiene un computador central único sino millones de computadores conectados entre sí por medio de la línea telefónica. Un protocolo de comunicaciones, que utiliza el lenguaje binario (ceros y unos), es la clave usada por ellos para comunicarse entre sí. El protocolo del que se vale internet para que las computadoras puedan hacer contacto se llama TCP-IP (transfer control protocol-internet protocol). El protocolo no es un mecanismo para la intercomunicación de las personas sino únicamente de las computadoras. Para que puedan localizarse a lo largo del planeta, cada uno de los millones de computadores de la red tiene un número único y diferente, que se denomina número IP, el mismo que sirve para su ubicación. Este número es diferente de la dirección única que tiene cada uno de los usuarios del sistema  —una suerte de “casilla electrónica”—  denominada en inglés E-Mail Address, donde recibe su correspondencia electrónica. De modo que hay dos planos de comunicación: la comunicación entre las computadoras (protocolo) y la comunicación entre las personas (browsers).

            Internet es una nueva forma de comunicación, que tiene un ámbito planetario y la velocidad de la luz. Promueve maneras nuevas de intercambiar información. Integra con su red interconectada una <comunidad de personas alrededor del planeta que se comunican entre sí o con los centros de datos, bibliotecas o archivos por medio de sus computadoras. Para formar parte de la comunidad sólo necesitan tener un ordenador personal, un modem (o sea un aparato codificador) de al menos 14.400 b.p.s. o un teléfono inteligente, que junta las capacidades del teléfono y de una computadora portátil.

            Cualquier persona que cuente con esos tres elementos puede incorporarse a esta gigantesca red de intercambio de información sin restricciones.

            El crecimiento del número de usuarios de internet ha resultado sorprendente incluso para los expertos en la materia. A mediados del año 2016 ingresaban a la red 3.585'749.340 de usuarios, de los cuales correspondían a China 742'261.240 (60,4% de su población), Estados Unidos 312'322.257 (91,4% de su población), India 243'000.000 (19,7%),  Brasil 120’773.650 (60,1%), Japón 118’626.672 (91,6%), Rusia 98’567.747 (85,4%), Alemania 79’127.551 (94,6%),  Indonesia 72’412.335 (28,1%), Nigeria 71'300.000 (40,7%), México 62'452.199 (51,8%), Inglaterra 61'766.690 (90,8%), Francia 60'421.689 (90,6%), Italia 54'798.299 (90,2%), Turquía 52'382.850 (64,7%), Egipto 48'211.493 (59,3%), Irán 42'112.274 (58,7%), Corea del Sur 45'314.248 (96,4%), Filipinas 44'275.549 (41,1%), España 30’654.678 (65,6%), Filipinas 29’700.000 (29,2%), Vietnam 30’516.587 (33,7%), Bangladesh 43'876.223 (26,5%), Argentina 41'586.960 (95,6%), Ucrania 40'912.381 (90,1%), Canadá 36'397.891 (96,7%), Pakistán 34'128.972 (21,8%) y en dimensiones menores los demás países.
                En términos porcentuales de población conectada a la red, las cifras demostraban con mayor precisión y evidencia la brecha digital. En el primer lugar estaba Suecia con el 98,9% de “conectividad”, seguida de Baréin con el 98,6%, Dinamarca 98,3%, Holanda 97,8%, Corea del Sur 97,4%, Noruega 97,2%, Australia 97,1%, Nueva Zelandia 96,8%, Emiratos Árabes Unidos 96,7%, Canadá 96,7%, Suiza 96,4%, Qatar 95%, Bélgica 93,4%, Kuwait 92,5%, Estonia 92,3%, Lituania 91,5%, Moldavia 90,8%, Uruguay 90,1% y los demás países.
              Los últimos lugares estaban ocupados por Etiopía con el 1,9% de conectividad, República Democrática del Congo 2,2%, Costa de Marfil 5,2%, Mozambique 5,9% y Afganistán 5,9%. 
                Los más rezagados de América Latina eran Haití con el 18,2%, Honduras 18,6%, Guatemala 18,7% y El Salvador 28,5%.

            Internet tiene origen militar. Fueron los responsables de la defensa estratégica de Estados Unidos los que, en los momentos más críticos de la guerra fría durante la década de los 60, preocupados porque una sola bomba dirigida a su sistema informativo central causaría el colapso general, encomendaron a la Advanced Research Projets Agency (ARPA), que era una rama del Pentágono, que idease un programa de descentralización de la fuente de datos por razones de seguridad. La idea fue evitar un “Pearl Harbor electrónico”. La única vía posible era dispersar físicamente los centros de información y conectarlos entre sí. Eso se hizo. Nació entonces la ARPANET que, con la interposición de la NSFNET creada por la National Science Foundation, fue la antecesora de internet.

            Forma parte de esta red el llamado correo electrónico (expresión tomada del inglés electronic mail o E-mail), que es un sistema para comunicarse por escrito, a través de la pantalla de los computadores, con personas situadas en cualquier lugar del planeta. Ya no se necesita papel ni hace falta echar una carta al buzón del correo. Basta con escribir en el ordenador el mensaje que se desea transmitir para que sea recibido en el acto por otro u otros ordenadores en cualquier lugar del mundo. Por este medio se pueden enviar cartas, planos, dibujos, archivos y cualesquier textos o gráficos que puedan almacenarse en el disco duro del ordenador.

            La firma electrónica simplifica y agilita los actos jurídicos, trámites administrativos y transacciones comerciales, que pueden realizarse por medios informáticos. Para identificar a los actores de modo inequívoco y garantizar la integridad de los documentos enviados o recibidos deben verificarse sus firmas electrónicas mediante la certificación de pertenencia efectuada por una entidad independiente que garantiza la legitimidad de la firma, es decir, que ésta pertenece a la persona que comparece; y además asume la responsabilidad por la certificación. Esta operación, que obedece a prácticas internacionalmente reconocidas y aceptadas, debe ser regulada por un ente estatal especializado.

            Internet abre horizontes inimaginables al desarrollo científico, a la educación, a la literatura, al trabajo, al crecimiento económico, a los negocios, al intercambio de información, a las comunicaciones y, por cierto, a la política. Internet ha modificado no solamente los lugares e instrumentos de trabajo sino además el modo de trabajar. Ha flexibilizado los horarios y jornadas de labor. Se ha constituido en el símbolo de la >sociedad del conocimiento. Cada vez se le encuentran nuevos usos y utilidades. Ya no es solamente la posibilidad de acceso remoto a las fuentes de datos, archivos, laboratorios y bibliotecas sino también la opción de mantener “foros” de “conversación electrónica” sobre los más diversos temas con “contertulios” situados en lejanos países. Son decenas de millones de seres humanos de todas las latitudes que intercambian ideas a través de sus computadoras y se transmiten conocimientos, datos e informaciones sin barreras.

            Los avances que esto significa para la cultura, la ciencia, la tecnología, la preparación profesional, la economía, el comercio, los negocios, el entretenimiento son impredecibles. Se ha podido cuantificar ya el gigantesco crecimiento de las transacciones comerciales que ha producido internet por la vía de la reducción de los plazos del intercambio y del acortamiento de la cadena de intermediarios. Es también la posibilidad del correo electrónico o de hacer a distancia “tours” en los más importantes museos del mundo. Son muchas posibilidades en todos los campos que ofrece esta gigantesca red interconectada de computadoras. Los usos más conocidos son, aparte de la world wide web (www) y del correo electrónico (E-mail), los “foros” de conversación (newsgroups), las videoconferencias, la mensajería instantánea, los juegos en línea, las descargas de películas o de música, la transferencia de archivos (FTP), las comunicaciones telefónicas gratuitas, la descarga de libros, los denominados network news, finding files, finding someone, chats, blogs, facebook, youTube, twitter, telnet, world press, buzz, bibliotecas digitales, netbooks, e-books y otros servicios en línea.

            En la primera década de este siglo, las grandes empresas informáticas  —Sony Corp., Amazon.com, Google Inc., entre ellas—,  convertidas en casas editoriales virtuales,  entraron  en  el  negocio  de  digitalizar  masivamente  libros  —incluidos los de la literatura clásica—  para que pudieran ser leídos, vía internet, en las pantallas electrónicas. Con este propósito escanean y digitalizan sus textos. Y, por este medio, centenares de miles de libros electrónicos  —e-books—,  en varias lenguas, están disponibles en la red para ser leídos en las pantallas de los ordenadores, netbooks, smartphones y otros dispositivos electrónicos con acceso a internet, desde cualquier punto geográfico del planeta, previo el pago de su respectivo precio a la empresa digitalizadora. De modo que el usuario-lector está en posibilidad de comprar el libro virtual, incorporarlo a su biblioteca digital y leerlo libremente sin nueva conexión con internet.

            La Asociación de Editores de Estados Unidos  —The Association of American Publishers—  reveló en abril del 2011 que las ventas de libros electrónicos experimentaron una alza significativa en ese año y que, superando al libro impreso, el formato digital se convirtió en la forma más popular de lectura en Estados Unidos.

            La “narrativa digital” está disponible en varias lenguas, ha multiplicado la venta de libros y el número de lectores y ha facilitado el almacenamiento y transporte de los textos.

            Pero, para los lectores de la “vieja guardia”, los libros electrónicos o virtuales carecen de la “sensualidad” del libro de papel, cuyas páginas pueden ser tocadas, subrayados sus textos y comentados en los márgenes de sus páginas.

            El excéntrico norteamericano Michael Stern Hart fue el primero en digitalizar libros y colocarlos en la red. Fue el precursor de los libros virtuales. Lo hizo en 1992 a propósito del Proyecto Gutenberg que él alentó y dirigió por un cuarto de siglo con el fin de crear una gran biblioteca digital gratuita, integrada por más de diez mil libros exentos de derechos de autor  —copyright—,  que pudieran ser almacenados en la memoria de los computadores personales, transmitidos por la vía electrónica y consultados libremente por los lectores del mundo.

            En lo que fue la primera acción del Proyecto Gutenberg, Hart digitalizó en 1971 la Declaración de Independencia de Estados Unidos y envió una copia electrónica del documento a cada uno de los cien usuarios que en ese momento tenía Arpanet, la temprana antecesora de internet.

            Hart sostenía que, en virtud de lo que él denominaba “replicator technology”, cualquier cosa que ingrese en un computador  —textos, gráficos, fotografías, ideogramas, sonidos—  podía ser reproducida indefinidamente.

            Obviamente, la idea de una biblioteca electrónica y gratuita se adelantó a su tiempo y, por eso, fue incomprendida y su propugnador quedó sometido a las sospechas de excentricidad mental. Hart sostenía que el mayor valor de las computadoras era la extracción y el almacenamiento de la maravillosa información que guardan las bibliotecas.

            En realidad, jamás la humanidad ha producido tanto conocimiento y guardado tanta información como en la actual era digital. Una de las claves del desarrollo humano a través de los tiempos ha sido el almacenamiento de la información, desde los papiros  —que eran las láminas extraídas del tallo de la planta del mismo nombre originaria del Oriente (de la familia de las Ciperáceas), en las que los escritores antiguos solían fijar sus manuscritos—  hasta el actual almacenamiento digital de la era informática, pasando por el libro y la biblioteca de las épocas anteriores.

            Internet ha abierto la posibilidad de que emerja la >nueva economía, que es un sistema económico operativo basado en la información y el conocimiento como instrumentos de la producción, de la productividad y de la competitividad, de dimensiones no sólo internacionales sino globalizadas, que funciona sincrónicamente y en tiempo real a escala planetaria mediante empresas que operan en red.

            En esta economía  —economía digital—  el conocimiento es un insumo cuyo valor representa un altísimo componente del producto interno bruto. Ella permite el intercambio no solamente de bienes materiales sino también de bienes intangibles  —como los software que se transportan directamente de computador a computador, más allá de la limitación del espacio—  en gigantescas escalas de demanda y de producción constituidas por los centenares de millones de usuarios de internet.

            En la nueva economía existen modalidades nuevas de trabajo, como el >tele-trabajo  —o trabajo desde el hogar—,  la tele-banca, la tele-educación o educación en línea, la tele-medicina, el comercio electrónico. En Estados Unidos y en Europa se realizan de este modo ciertos oficios económicos que forman parte de la “economía de redes”, en la cual se rompen las dimensiones de las escalas tradicionales.

            El e-commerce  —o sea las transacciones a través de internet—,  que se inserta en la nueva economía, ha crecido año por año. Cada vez las compras on-line aumentan en el mundo e involucran a todos los elementos de la operación comercial: información, publicidad, mercadeo, pedidos, suministros, pagos, centros comerciales “virtuales”  —electronic malls—,  servicio de atención al cliente, e-procurement, prestaciones de posventa, etc., etc.

            Los sitios de internet están plagados de publicidad. Tan pronto como el cibernauta se conecta con la red surgen los avisos publicitarios en la pantalla, invitándolo a que haga un clic en ellos para ser conducido virtualmente al sitio web del anunciante. La publicidad on-line usualmente se presenta con palabras, sonidos, imágenes y animación  —hipertexto—  en forma de banners, o sea de pequeñas vallas que aparecen en la autopista de la información y que despiertan la curiosidad del navegante porque tienen un gran impacto visual.

            Dado que internet proporciona información y entretenimiento a decenas de millones de personas diariamente, los anunciantes encontraron en ella un nuevo medio de promover su marketing  —que va desde libros hasta casinos y pornografía—  con la ventaja para ellos de que abre la posibilidad de una línea directa de comunicación entre la empresa vendedora y el cliente. Y que basta un clic para que éste sea transportado virtualmente al sitio web del anunciante, donde puede obtener toda la información que requiera sobre un determinado producto o servicio y realizar el negocio inmediatamente.

            En el tercer trimestre del 2000 se gastaron en el mundo 1.986 millones de dólares en la llamada publicidad en línea, principalmente en banners, patrocinios y avisos clasificados.  En  febrero  del  2001  un  grupo  de  compañías  —America Online, CNET, Walt Disney Internet Group, Excite@home, MSN—  declaró que se había unido para presentar nuevos formatos de publicidad en internet, ya que los carteles anteriores no habían resultado suficientemente atractivos para su éxito comercial.

            Existe también una forma abusiva de hacer publicidad en la red  —llamada spam—  que consiste en el envío de mensajes de publicidad por medio del correo electrónico a las casillas de los usuarios, sin que éstos lo hayan solicitado. Lo cual indudablemente constituye una reprochable invasión de su esfera personal de correspondencia.

            A comienzos del 2003 el estado de Virginia en Estados Unidos fue el primero en expedir una ley contra el spam  —correo-basura de publicidad—  que llenaba los buzones de los usuarios de internet y que tantas y tan justificadas quejas había suscitado. Se calculaba en el año 2001 que el spam representaba alrededor del 8% del correo electrónico y en los años siguientes ese porcentaje creció abrumadoramente, hasta convertir a este tipo de mensajes en un azote de los usuarios del sistema. La ley de Virginia  —imitada después por otros estados de la Unión Norteamericana—  contemplaba multas y hasta la confiscación de bienes de las empresas o personas que enviaran mensajes publicitarios no solicitados.

            En el año 2004, según Postini Inc.  —empresa norteamericana que se dedica a filtrar los mensajes no solicitados—  el spam representó el 83% del tráfico total de e-mails, que significó una monstruosa pérdida de tiempo para los usuarios de la red. Ha sido creciente la preocupación universal por este fenómeno. El Congreso Federal de Estados Unidos aprobó en diciembre del 2003 una ley con el fin de reducir el volumen de “spam” que reciben los usuarios de internet en sus computadoras. Este proyecto incluyó penas privativas de la libertad y multas millonarias para las personas o empresas que envíen mensajes publicitarios no solicitados. La oficina del Fiscal General del estado de Nueva York en Estados Unidos informó en mayo del 2004 que Howard Carmack, conocido como el “spammer de Buffalo”, que envió por correo electrónico 825 millones de mensajes no solicitados utilizando identidades robadas y direcciones falsas, fue juzgado y condenado a siete años de prisión. La Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos (FTC) pidió al Congreso Federal en junio de ese año mayores poderes para librar la batalla contra el correo electrónico no solicitado, cuyos remitentes suelen falsificar sus direcciones electrónicas.

            En un discurso pronunciado en Las Vegas en noviembre del 2003, el presidente de Microsoft, Bill Gates, ofreció luchar contra la “plaga” de la basura electrónica que circula por el correo electrónico y presentó nuevos productos destinados a tornar más seguras las redes informáticas. Ofreció que el SmartScreen, desarrollado por su empresa, podrá filtrar los mensajes electrónicos para impedir la recepción de anuncios y publicidad no deseados.

            Pero, aparte de esta anomalía, en el entorno digital de internet se realizan diversas maniobras fraudulentas de estafas en inversiones, robos de identidad, ventas de bienes y servicios inexistentes, creación de cibersitios bancarios falsos, grabación y venta de películas aún no estrenadas y otras formas delictivas consumadas a través de la red, que han conducido, especialmente en Estados Unidos, al arresto de centenares de infractores. Es que la propia naturaleza de esta red de comunicación sin fronteras ofrece inéditas e invisibles oportunidades a los artífices del fraude.

            El sistema ha crecido tan vertiginosamente y se han multiplicado tanto los “cibernautas” en todo el mundo, que en los círculos científicos norteamericanos y europeos hay la preocupación de que pronto la red pudiera llegar a congestionarse. De hecho, han empezado a ocurrir atascamientos, por ejemplo, en las líneas telefónicas de las áreas metropolitanas de San Francisco, Los Angeles y San Diego en California por la sobrecarga de llamadas. Los sistemas telefónicos están diseñados para procesar llamadas de un promedio de cuatro minutos, pero las que hacen los usuarios de internet tienen una duración media de veinte minutos y un 10% de ellas se prolonga por más de una hora. Esto puede causar un colapso en la red a menos que se introduzcan reformas fundamentales en el sistema telefónico que la sirve. Los nuevos usos que a ella se han dado, especialmente los de naturaleza mercantil que la han inundado con mensajes comerciales, amenazan seriamente con saturar la capacidad de los sistemas de telefonía.

            La empresa telefónica norteamericana Bell Atlantic empezó a ofrecer a sus usuarios desde 1998 un nuevo sistema de conexiones a la Web 10 a 20 veces más rápido que los anteriores. Lo denominó DSL, que corresponden a las siglas en inglés de Digital Subscriber Line. Opera con un modem especial que se instala en la computadora personal y su velocidad de conexión está entre los 600 y 700 kbps.

            A partir de 1998 el gobierno de Estados Unidos, por medio de la Information Infrastructure Task Force (IITF) formada en 1994, impulsó dos proyectos para crear una red ultrarrápida de comunicaciones: el Next Generation Internet (NGI), destinado a potenciar la anchura y la fiabilidad del sistema, y el Internet 2, para desarrollar su alta velocidad.

            El sociólogo y periodista ecuatoriano Gonzalo Ortiz Crespo, en su análisis sobre el tema, afirma que los objetivos principales del NGI son: desarrollar tecnologías de redes avanzadas para alcanzar mayor seguridad, potencia, facilidad de uso y calidad en el servicio; crear una red de interconexiones de alta velocidad  —de una nueva generación—  que conectaría universidades y laboratorios federales a velocidades entre 100 y 1.000 veces superiores a las que tiene internet; y generar aplicaciones avanzadas, con gran achura de banda, en las áreas de la telemedicina, bibliotecas digitales, vídeo de movimiento total y realidad virtual.

            Según sus promotores norteamericanos, la misión del proyecto Internet 2 es “facilitar y coordinar el desarrollo, despliegue, funcionamiento y transferencia de tecnología de servicios y aplicaciones de red avanzados con el fin de ampliar el liderazgo de los Estados Unidos de América en el campo de la investigación y de la educación superior, y acelerar la disponibilidad de nuevos servicios y aplicaciones en internet”.

            En torno al proyecto se juntaron más de cien universidades norteamericanas, en alianza con el gobierno federal y con empresas privadas que operan en el campo de la telemática, con el objetivo básico de desarrollar la próxima generación de tecnologías telemáticas en las tareas de investigación y educación universitarias.

            Las telecomunicaciones avanzadas son, para los impulsores de este proyecto, un asunto de vital importancia en sus misiones de indagación científica y enseñanza.

            La idea, sin embargo, no es sustituir a la actual internet sino complementarla con los servicios más eficientes de la nueva generación de internet. Las redes de Internet 2 serán mucho más avanzadas y utilizarán herramientas que actualmente no existen. Proporcionarán no solamente una world wide web entre doscientas y mil veces más rápida que la actual sino que modificará la manera misma en que los usuarios de la red trabajan e interactúan por medio de sus ordenadores en las tareas de informarse, investigar, aprender y comunicarse.

            La internet 2  —fundada en 1997 en Ann Arbor, Michigan, Estados Unidos, y desarrollada principalmente en universidades norteamericanas—  ha avanzado mucho y utiliza la telemática y sus aplicaciones  —o sea "la nueva tecnología resultante de la fusión de la telecomunicación y la informática", según la definición de la Real Academia de Ingeniería de España—  para transmitir a gran velocidad por sus redes avanzadas de fibra óptica la información digital alrededor del mundo.

           Por su alto rendimiento y velocidad, Internet 2 está llamada a ser la red electrónica del futuro.

            Como resultado de estos avances tecnológicos internet podrá ser mil veces más veloz que actualmente. Los científicos anticipan que los 30 volúmenes de la "Enciclopedia Británica" podrán ser transmitidos en un segundo por sus redes, mientras que hoy se necesitan varias horas con un modem de 28.8 bps, y  predicen que la transmisión de la Biblioteca del Congreso en Washington  —la más grande del mundo—  se podrá hacer en un minuto.

            El vicepresidente de Estados Unidos Al Gore anunció el 14 de abril de 1998 que Internet 2 será el producto del trabajo coordinado de 115 universidades norteamericanas organizadas en la University Corporation for Advanced Internet Development.

            Una importante innovación de comienzos del siglo XXI fue la internet inalámbrica, creada mediante la tecnología denominada Wi-Fi, que puede ser utilizada por cualquier persona que tenga un ordenador portátil equipado con una tarjeta diseñada para recoger las señales de radio y de este modo acceder al servicio de internet de alta velocidad. El sistema no requiere líneas telefónicas y potencia la capacidad de conexión. Funciona mediante antenas instaladas en una parte alta del edificio y ha sido instalado también en aviones comerciales  —la empresa alemana Lufthansa fue la primera—  y pronto estará disponible en los trenes rápidos europeos y norteamericanos.

            A comienzos del año 2000 se empezó a hablar de la sucesora de internet: denominada la “malla”, fundada en una nueva tecnología millones de veces más poderosa para conectar entre sí las computadoras del mundo. En el proyecto trabajaron los científicos norteamericanos Ian Foster, de la Universidad de Chicago, y Carl Kesselman, de la Universidad de Southern California, con el apoyo financiero del gobierno de Estados Unidos. La “malla” es una red global de alta velocidad para enlazar supercomputadoras, bases de datos, procesadores especializados y ordenadores personales y proporcionar a los usuarios cualquier género de información desde cualquier lugar del planeta sin el engorroso proceso de buscarla en internet.

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