Este concepto tiene íntima relación con el de >libertad. Liberar es dar libertad a alguien o a algo. Libertad para los seres humanos y libertad para las actividades humanas. La liberación es siempre la eliminación de coacciones, coerciones, trabas, limitaciones u obstáculos en la vida del hombre o de la sociedad.
Esta palabra tiene varios sentidos según el campo en que se aplique: liberación nacional, liberación económica, liberación femenina, teología de la liberación, liberación de los esclavos.
1. La liberación política. Se entiende por liberación, en este caso, la lucha de un pueblo por la conquista de su libertad o de su independencia nacional. La historia está llena de estos episodios. De un lado, la lucha por la libertad individual y el reconocimiento de los derechos humanos contra los regímenes represivos que los anularon. De otro, la brega de los pueblos por la independencia nacional frente a los sistemas coloniales. Esta lucha se resume en los movimientos del siglo XIX y del siglo XX contra el <colonialismo. A veces estas dos contiendas se imbricaron en una sola, que se propuso reivindicar ambos valores al mismo tiempo para crear sociedades de hombres libres en Estados soberanos.
Los territorios que hoy forman <América Latina y el Caribe fueron víctimas de guerras de conquista a fines del siglo XV y principios del XVI, que dieron inicio a la etapa colonial bajo las >metrópolis europeas, cuyos regímenes perduraron hasta las jornadas independentistas de principios del siglo XIX.
La época colonial moderna se extendió principalmente en África y Asia desde 1870 a 1945, en que la carta constitutiva de la Organización de las Naciones Unidas proscribió el colonialismo y dio inicio a un intenso proceso de liberación de los territorios sometidos. A su amparo, los pueblos colonizados lucharon denodadamente por su liberación. Numerosos territorios coloniales alcanzaron en el último medio siglo su independencia y se convirtieron en nuevos Estados: Argelia, Vietnam, Angola, Mozambique, Guinea Bissau, Zimbabue y otros.
2. La liberación económica. Cuando se habla de liberar o liberalizar la economía se quiere decir eliminar todas o algunas de las restricciones a las que está sometida.
Es la política encaminada a favorecer los intercambios comerciales libres tanto en el ámbito nacional como en el internacional. En lo interno significa exonerar a los productos y servicios de todo control de precios o restricción, de modo que ellos queden sometidos al efecto de la oferta y la demanda en el mercado abierto. En lo internacional es la apertura de la economía en su conjunto, tanto para los fines de la inversión extranjera como del comercio exterior.
El concepto fue introducido en 1949 por la Organización Europea de Cooperación Económica (OECE) y hoy forma parte de la perspectiva neoliberal del comercio internacional y es impulsada, en defensa de sus intereses, por los países grandes que tienen abundantes excedentes que vender y precios comparativamente menores para sus mercancías en razón de la economía de escala de su producción industrial, agrícola y de servicios.
La liberalización económica entraña la libre circulación de personas, capitales, bienes, servicios, mano de obra, tecnología, información y demás factores de la producción entre los países.
Todo el moderno proceso de <integración económica lleva esa dirección. Los grandes bloques comerciales que se han formado en los últimos años tienen como propósito fundamental el abatimiento de las restricciones cuantitativas al comercio exterior y la implacable conquista de mercados a escala planetaria. En esta operación, naturalmente, tienen enormes ventajas los países fuertes. Por eso han levantado un verdadero culto a la “libertad de comercio” y pintan como “dinosaurios” y “retardatarios” a los que se oponen a ella.
3. La liberación femenina. Es eI movimiento de lucha en favor de la igualdad de oportunidades de la mujer con relación al hombre en la vida privada y en la pública. Vieja lucha que se remonta a la baja la Edad Media y al Renacimiento, en que voces femeninas se atrevieron a condenar el ambiente misógino generado por las ideas de la contrarreforma católica. Tal fue el caso de la escritora y humanista veneciana Christine de Pisan con su obra “El libro de la ciudad de las mujeres” publicado en el año 1405 y de tres damas venecianas más tarde, que plantearon con mucha fuerza la cuestión femenina en la primera mitad del siglo XVII: Lucrezia Marinelli, Moderata Fonte y Arcangela Tarabotti.
En la época de la Ilustración se dieron pasos importantes en el desarrollo del <feminismo. Abigail Adams, mujer del futuro Presidente de Estados Unidos, abogó en 1776 por los derechos femeninos en su país. En 1791 Olimpia de Gouges, siguiendo las ideas de su tiempo, escribió en Francia su Déclaration des droits de la femme et de la citoyenne en la que proclamaba la igualdad de derechos. Al contrario de lo que pudiera creerse, la Convención francesa de los días revolucionarios desechó la propuesta de la igualdad política entre los dos sexos, a pesar de las alegaciones de Condorcet, Fourier y Saint Simon en favor de la emancipación de la mujer. Mary Wollstonecraft, en Inglaterra, publicó en 1792 su "Vindication of the Right of the Women". Las escritoras francesas Madame de Staël (17766-1817) y George Sand (1804-1876) se ocuparon de la teoría y práctica del feminismo. Y el filósofo inglés John Stuart Mill, en su obra "The Subjection of Women" (1869), planteó un conjunto de reivindicaciones concretas a favor de las mujeres.
Sin embargo, la liberación femenina, como movimiento militante, solamente existe desde 1878, a partir del Congreso Feminista Internacional celebrado en París y de la conferencia reunida en Washington diez años más tarde, de la que nacieron el Consejo Internacional de las Mujeres, la Federación de Consejos Nacionales y las uniones femeninas en varios países.
El movimiento feminista inició sus trabajos para conseguir el derecho al sufragio a principios del siglo XX. En 1920 todos los estados de la Unión Norteamericana habían reconocido el derecho de voto a las mujeres. Dos años antes, en Inglaterra, tras muy duros enfrentamientos en el Parlamento y en las calles, se les otorgó el voto. En la década de los años 20 las mujeres conquistaron la plenitud de sus derechos políticos en Estados Unidos, Canadá, Inglaterra, Australia, Nueva Zelandia, Suecia, Noruega, Dinamarca, Jamaica, Rodesia, Finlandia, Austria, Holanda, Rumania, Luxemburgo, España, Alemania y otros países.
La liberación femenina ha sido y sigue siendo un fenómeno complejo. Hoy es fundamentalmente un movimiento de exaltación de la mujer en todas las situaciones de la vida pública y privada, en el seno de una sociedad cuyos mecanismos de conducción han sido tradicionalmente dominados por los hombres.
4. La teología de la liberación. Es un complejo fenómeno suscitado en la Iglesia Católica del tercer mundo y, especialmente, de América Latina en los años 60 del siglo XX. Bajo la inspiración del Concilio Vaticano II (1962-1965), que preconizó no dar como ayuda de caridad lo que se debe por razón de justicia y que dispuso que han de suprimirse las causas y no sólo los efectos de los males sociales, el episcopado latinoamericano, reunido en la Segunda Conferencia General en Medellín, en agosto y septiembre de 1968, y en la Tercera Conferencia General de Puebla, en enero y febrero de 1979, llegó a la conclusión de que el >subdesarrollo del tercer mundo es un subproducto del desarrollo del primer mundo. En su concepto, formas antiguas y nuevas de <colonialismo, propias del <capitalismo liberal, son la causa principal de la estructura del atraso de los países pobres.
Desde los años 60 la palabra liberación se usó con mucha frecuencia en libros y documentos de los teólogos inconformes católicos y protestantes. Fray Gustavo Gutiérrez escribió el libro "Hacia una teología de la liberación" (1969), Hugo Assmann publicó en colaboración con otros sacerdotes su "Opresión-liberación: desafío a los cristianos" (1971), Leonardo Boff: "Jesucristo el liberador" (1971), Juan Luis Segundo: "De la sociedad a la teología" (1970), Lucio Gera: "Teología de la liberación" (1973), Rubem Alves: "Religión: opio o instrumento de liberación" (1969), José Míguez Bonino: "Doing theology in a revolutionary situation" (1975).
La >teología de la liberación causó problemas internos muy graves a la Iglesia Católica. Buena parte del clero de base se adhirió a ella y trabajó en conjunción con los grupos de izquierda en favor de la gente pobre, pero las altas jerarquías se opusieron a esos planteamientos, que los consideraron muy cercanos al marxismo, y la Iglesia tuvo que afrontar enormes problemas de desunión y de indisciplina en sus cuadros apostólicos.
Este movimiento teológico, en efecto, aceptó algunos conceptos del >marxismo, como el determinismo económico, las relaciones estructura-superestructura, la lucha de clases como un hecho de la realidad, el capital como fruto de la >plusvalía, esto es, del trabajo no pagado al obrero, y algunos más. Rechazó, en cambio, el >materialismo dialéctico, o sea la parte filosófica del marxismo, que tanta y tan diametral oposición mantiene con el dogma católico. Coincidió también en cuestiones tácticas de la lucha contra un orden de cosas opresivo e injusto y si bien privilegió los métodos pacíficos —la persuasión, el diálogo, la resistencia pacífica, la presión moral— no descartó la movilización de masas ni el uso de la fuerza, bajo ciertas orientaciones éticas inspiradas en el evangelio, como último recurso para alcanzar la transformación social y, dentro de ella, la liberación de la mujer.
5. La liberación de los esclavos. Ella merece una mención especial. El comercio de seres humanos para destinarlos al trabajo y a la producción se practicó durante mucho tiempo en la historia. Es casi tan antiguo como el hombre. Los vencedores en las guerras esclavizaron a los vencidos. Los grupos dominantes de la sociedad hicieron lo mismo. El dominio del hombre por el hombre acompañó a las sociedades desde las más tempranas horas de su vida.
En los siglos XVI al XIX, con la trata de negros en las tierras de América, se produjo la etapa más dramática y cruel de la esclavitud. Se los vendía como animales. Los compradores solían marcarlos con fuego para que no se confundiesen con los esclavos ajenos. Las potencias coloniales de ese tiempo, a partir del descubrimiento de América, se dedicaron al comercio masivo de los esclavos negros para venderlos en las tierras descubiertas. Los reclutaban en África. Allá llegaban los negreros con sus barcos y en contubernio con los jefes tribales reclutaban a los esclavos y se los llevaban en las calas de sus naves. Los primeros esclavos negros llegaron a América en 1511. Fueron a parar principalmente a las Antillas, Brasil y las trece colonias inglesas de Norteamérica.
Por supuesto que se levantaron voces por la liberación de los esclavos. Voces aisladas que clamaron en el desierto. Pensadores antiguos y contemporáneos la impulsaron. Benjamín Franklin (1706-1790) fundó una organización para luchar por la supresión de la esclavitud de los negros en los Estados Unidos de América. La Convención francesa de 1794 decretó la supresión de la esclavitud. El primero de enero de 1804, bajo el liderazgo del emperador Jean-Jacques Dessalines, se proclamó la libertad de los esclavos y la independencia de Haití, que se convirtió en la primera república negra de la América caribeña. En 1863 el presidente Abraham Lincoln expidió la ley de emancipación de los esclavos en Estados Unidos. En algunos países de Latinoamérica la abolición se produjo antes. En Ecuador en 1852.
Por el carácter dramático que tuvo y por los rezagos de discriminación racial que quedaron después, el proceso esclavista norteamericano revistió características especiales. La primera persona en usar allí la palabra “abolicionismo”, referida a la esclavitud de los negros, fue Benjamín Franklin al fundar en 1775 en Filadelfia la sociedad abolicionista. Después vinieron otras agrupaciones para alcanzar el mismo propósito. En 1831 Benmajín Lundy y Guillermo Lloyd Garrison fundaron en Boston la revista mensual “The Liberator”, que fue probablemente el primer antecedente de la utilización de la palabra “liberación” en el campo de la esclavitud. A principios del siglo XX los estados del sur formaban una región rural atrasada, en cuyas granjas agrícolas —especialmente en las plantaciones algodoneras— la mano de obra de los esclavos negros era el principal factor de producción. El norte, en cambio, había alcanzado importantes grados de desarrollo industrial y urbanización. Contaba con un fuerte sector financiero y con grandes astilleros e importantes fábricas metalmecánicas, textiles y de otras manufacturas. Recibía nutridas corrientes de inmigración europea. Todo lo cual había moldeado en la sociedad norteña una mentalidad progresista, en la que se escucharon proclamas en favor de la libertad de los esclavos.
Pero, en tales circunstancias, suprimir la esclavitud, como pretendía el presidente Lincoln, era un “atentado” contra la economía de los magnates sureños.
La controversia fue larga y encendida y el choque armado norte-sur se volvió inevitable.
Para defender sus formas de vida económica —la esclavitud incluida— varios estados sureños —Carolina del Sur, Mississippi, Florida, Alabama, Georgia, Loussiana, Texas— pretendieron su independencia política de la Unión norteamericana. Y en febrero de 1861 celebraron un congreso en Montgomery, Alabama, para oficializar su separación. Promulgaron incluso una nueva Constitución, en la que se consagraba, como institución jurídica, la esclavitud de los negros.
Estalló entonces la larga y cruenta >guerra civil norteamericana que enfrentó por más de cuatro años —1861-1865— a los estados antiesclavistas del norte contra los estados esclavistas del sur. Vencieron en la brutal lucha armada —que dejó un saldo de 610 mil muertos— las fuerzas abolicionistas de la esclavitud pero quedó un fermento de resentimiento y segregación racial que ha gravitado muy negativamente en la vida norteamericana por más de cien años.
En 1863 el presidente Abraham Lincoln expidió la ley de manumisión de los esclavos.
Pero, a partir de ese momento, el movimiento de liberación de los negros se dividió en dos corrientes: la que preconizaba la ruptura y la que propugnaba la integración. Marcus Garvey fue, a comienzos de siglo, el gran lider de la primera posición. Fundó el movimiento denominado Universal Negro Improvement Association, bajo el sueño de unir a todos los pueblos negros del mundo para reintegrarlos en una África libre. La vuelta a la madre África era su consigna. En cambio, el escritor William Du Bois era el líder negro integracionista. Creó en 1905 la Asociación Nacional para la promoción de la gente de color y fundó la revista "Crisis", en la que colaboraron los más importantes escritores negros de ese tiempo.
El movimiento de los Black Muslims, que predica el separatismo político de los negros y la vuelta al islam para que sean salvados por Alá, participa de la posición de ruptura y se ha propuesto crear un “poder negro” en Estados Unidos.
En los años 60 la lucha de los negros por su integración, esto es, por lograr un trato igual que el de los blancos, estuvo encabezada por Martin Luther King, hasta su muerte, y luego dirigida por el activista negro Jesse Jackson. Ellos han postulado la no violencia como uno de los principios fundamentales de su lucha reivindicatoria. Como consecuencia de ella el Congreso de Estados Unidos expidió la ley de derechos civiles en 1964. Martin Luther King obtuvo el premio Nobel de la Paz pero fue asesinado en 1968.
Otro capítulo dramático de la lucha del >negrismo por la reivindicación de sus derechos civiles y políticos fue el de la República de Sudáfrica. La minoría blanca impuso en ella el sistema denominado <apartheid contra la mayoría negra a partir de 1948 en que el Nationalist Party, de los nacionalistas boers, tomó el poder. El apartheid, a pesar de que en teoría significa que las personas de distinta raza tienen iguales oportunidades pero por separado, en la práctica sometió a la mayoría de color —a los nativos o bantúes— a humillantes discriminaciones en la vida social, política y económica de la comunidad sudafricana.
El líder blanco Frederik de Klerk, que asumió el poder en 1989, legalizó la organización negra denominada Congreso Nacional Africano (CNA) y decretó la libertad de su líder Nelson Mandela (1918-2013), después de 27 años de prisión. Este fue un paso muy importante para desmontar el apartheid.
Del 26 al 28 de abril de 1994 se realizaron las primeras elecciones multirraciales que fueron ganadas por el Congreso Nacional Africano (CNA) —que así se denominaba el partido de Mandela— por el 62,6% de los votos depositados por casi 20 millones de electores.
En un proceso que no fue fácil por la carga de odios mutuos que se había acumulado a lo largo del tiempo, en el que incluso los grupos fanáticos de ambos lados se negaron a participar en la transición democrática, terminaron 300 años de dominación blanca y 46 de apartheid.
Esta fue otra de las grandes jornadas de la lucha de liberación contra la opresión política y la discriminación racial.
Después de arduas negociaciones una asamblea constituyente aprobó la nueva Constitución sudafricana, en la cual se abolió formalmente el apartheid y se diseñó una sociedad fundada sobre principios de igualdad, justicia y democracia, que fue promulgada por el presidente Mandela el 10 de diciembre de 1996.
6. Liberación homosexual. La palabra homosexualität (de homo y sexual) apareció por primera vez en el idioma alemán, en la carta pública dirigida en 1868 por el poeta y escritor austro-húngaro Karl-Maria Kertbeny (1824-1882) al ministro de justicia germánico con ocasión del nuevo código penal destinado a reemplazar a la normativa prusiana anterior que sancionaba como delito la relación erótica entre personas del mismo sexo. La opinión de Kertbeny, en el encendido debate que se abrió en esos momentos, era que los actos sexuales privados, libremente consentidos, no debían ser penalizados.
Lo cierto es que del alemán homosexualität el término pasó al inglés: homosexuality, al francés: homosexualité, al español: homosexualidad, al italiano: omosessualità, al portugués: homossexualidade y a otros idiomas. En todo caso, como suele ocurrir con frecuencia, la práctica antecedió con muchos siglos —recordemos las antiguas Grecia y Roma— a la palabra que la designa.
Sodomía es la homosexualidad masculina y lesbianismo, la femenina. La primera de estas denominaciones proviene de Sodoma, la antigua ciudad palestina en la cual se practicaba toda clase de vicios deshonestos, que por eso fue destruida mediante la lluvia de azufre y fuego caídos del cielo, según relata la Biblia en el Libro del Génesis (cap. XIX); y la segunda, de Lesbos (antiguo nombre de la isla griega de Mitilene) donde la poetisa Safo, seis siglos antes de nuestra era, escribió acerca del amor entre mujeres.
Según la Biblia, la homosexualidad debe ser castigada con la pena muerte. En el Libro del Levítico del Antiguo Testamento (Cap. XVIII número 22) se dice que “el Señor habló a Moisés diciendo: no cometas pecado de sodomía, porque es una abominación”; y luego le previno en el monte Sinaí (Cap. XX número 13) que “el que pecare con varón como si éste fuera una hembra, los dos hicieren cosa nefanda; mueran sin remisión: caiga su sangre sobre ellos”. Y le advirtió al final: “Guardad mis leyes y decretos, y ejecutadlos, para que la tierra en que vais a entrar y habitar no os arroje también a vosotros con horror fuera de su seno”.
En su Epístola a los Romanos del Nuevo Testamento el Apóstol san Pablo les dice que “los varones, desechando el uso natural de la hembra, se abrasaron en amores brutales de unos con otros, cometiendo torpezas nefandas varones con varones, y recibiendo en sí mismos la paga merecida de su obcecación” (Cap. 1 número 27).
Y en su Epístola Primera a los Corintios expresa que “ni los afeminados, ni los sodomitas, ni los ladrones, ni los avarientos, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los que viven de rapiña, han de poseer el reino de Dios” (VI, 10).
Sin embargo, en un