Es la religión y la concepción del mundo de los creyentes de Alá y seguidores de su profeta Mahoma. El libro sagrado del islamismo es el Corán, que contiene todos los elementos de la religión mahometana, llamada también islámica, musulmana o muslímica.
Por extensión, se llama islamismo también al conjunto de manifestaciones culturales, artísticas y políticas de los pueblos árabes que profesan esta religión.
La palabra islamismo viene de islam, que significa sumisión a Dios. El Corán manda que “la verdadera religión a los ojos de Alá es el Islamismo”. El fundador de esta religión fue Mahoma, nacido el año 571 en La Meca. No es mucho lo que se sabe sobre él. Peter Watson, en su libro “Ideas. Historia intelectual de la humanidad” (2009), sostiene que “la primera biografía de la que tenemos noticias fue escrita en el año 767, mucho después de la muerte del profeta, y con todo, sólo la conocemos a través de una edición realizada en 833”. Según la leyenda, Mahoma quedó huérfano a los seis años de edad y a los doce fue llevado por su tío a Siria, donde conoció al monje cristiano Bahira. Se casó a la edad de veinticinco años con Khadijah, una viuda rica quince años mayor que él, y con ella se dedicó a las faenas del comercio. En uno de sus frecuentes retiros al desierto dijo haber recibido del arcángel Gabriel la revelación de su misión. Era el año 610. Y a partir de ese momento Mahoma empezó a ejercer su cometido profético, a combatir la idolatría de los pueblos árabes y a predicar el monoteísmo, la creencia en ángeles y demonios, el día del juicio final y la existencia de una vida eterna después de la muerte. Todas estas ideas, que no eran nuevas, coincidían con las que habían difundido el zoroastrismo, el judaísmo y el cristianismo.
Como había ocurrido con el cristianismo, la nueva fe penetró especialmente entre los esclavos y las capas sociales más pobres, lo cual provocó la beligerante oposición de las familias ricas, que obligó a Mahoma a buscar refugio al otro lado del mar Rojo. Se estableció en Medina. Allí vivió rodeado de sus numerosas esposas e hijos. Persistieron sus visiones y revelaciones. La más importante de ellas fue la denominada isra: un viaje nocturno del profeta al cielo, con escala en Jerusalén, donde pudo contemplar el rostro de su dios. La consideración de Jerusalén como la tercera ciudad sagrada de los mahometanos —después de La Meca y Medina— obedece precisamente a este episodio.
En su empeño por expandir las fronteras de la “tierra del Islam” —dar al-Islam—, Mahoma se convirtió pronto en un líder político, militar y religioso. Estableció leyes, administró justicia, creó tributos, recaudó dinero, libró guerras, acordó alianzas tácticas, destruyó ídolos enemigos. Desplegó una febril actividad. Instituyó los primeros fundamentos de la nueva religión: la oración del alminar —el adhan—, desde donde el almuédano convocaba a los fieles en las horas de oración; señaló la dirección en que hay que rezar —la qiblah— después de haber sustituido Jerusalén por La Meca; estableció el mes del ayuno —el ramadán—; promovió la peregrinación al santuario de la Kaaba para besar la piedra negra; e implantó los primeros fundamentos de su creencia.
El contenido de la nueva religión fue plasmado en el Corán, que es el libro sagrado del islamismo, compuesto de 114 capítulos (suras) divididos en versículos (aleyas). El libro contiene las revelaciones de Alá a Mahoma hechas por intermedio del arcángel Gabriel durante su estancia en La Meca y Medina en las primeras décadas del siglo VII. Según la tradición musulmana, Mahoma comunicó oralmente esas revelaciones a sus seguidores —puesto que era analfabeto— y ellos las memorizaron o las escribieron en hojas de palma, fragmentos de hueso, pieles de animales u otra clase de utensilios, que fueron recopiladas después de la muerte del profeta, durante el califato de Uthman —alrededor el año 650—, en el libro que hoy conocemos como el Corán.
El texto de su primera edición —conocido como "Uthmani"— se convirtió casi trescientos años después —en el 933— en la versión autorizada. Estaba escrita en árabe. Las demás fueron destruidas por orden de los califas y de los visires. De modo que tardó más de tres siglos en aparecer la versión oficial y autorizada del Corán. No obstante, los fieles musulmanes creen —porque eso es lo que les han dicho— que cada palabra del Corán fue dictada a Mahoma por el arcángel Gabriel. Y creen además que el árabe es la lengua de su dios y la que se habla en el paraíso.
Escritos en árabe, en una mezcla de prosa y poesía sin métrica, con un estilo elíptico y ambiguo, algunos de los pasajes del Corán resultan difíciles de entender. Lo cual ha dado lugar a que se produjeran diferentes interpretaciones de su texto. Desde los tiempos de al-Tabari (muerto en el año 923) hasta nuestros días la investigación islámica del Corán —la tafsir— ha sido incesante. Se han escrito numerosos libros sobre el tema. La diversa interpretación de su texto ha producido “herejías”, disensiones y divergencias teológicas. Las traducciones fueron también motivo de controversia. El Corán se ha traducido a una gran variedad de idiomas y su legitimidad siempre fue cuestionada. En lo que fue la primera conversión a una lengua europea, la versión latina apareció en el año 1143 y fue hecha por el humanista británico Robert de Ketton (1110-1160). Después aparecieron versiones en diferentes lenguas. Pero su mensaje central es que hay un solo dios omnipresente y omnisciente, creador de todas las cosas, infinitamente misericordioso, al que el hombre debe adorar y servir.
El libro contiene preceptos y recomendaciones éticas, advertencias sobre la llegada del juicio final, historias de profetas anteriores y referencias a la religión, al Derecho, al matrimonio, al divorcio, a la herencia y a otros temas de la vida individual, familiar y social. Las escrituras cristianas y judías comparten muchas de estas historias, aunque a veces se desarrollan en forma diferente. En general, las religiones tienen poca originalidad. La mayoría de ellas sustenta principios iguales o muy parecidos, copiados unas de otras. La dialéctica del bien y el mal, representados de diversa manera, es un valor constante en ellas, lo mismo que la idea de que su dios es el verdadero y todos los demás son falsos. La creación, la vida eterna, el castigo por los pecados, el dios como principio y fin de todas las cosas, la suprema sabiduría y justicia de él, su condición necesaria, su ubicuidad, su presencia inteligente e inmutable, han sido también, a lo largo del tiempo, elementos constantes de todas las religiones.
Los musulmanes tienen al Corán como la palabra de dios en sentido literal. De allí que las oraciones diarias, que son uno de los ritos obligatorios del islam, comprenden la recitación de pasajes del libro aprendidos de memoria.
Como lo dije antes, la predicación de la nueva religión causó dificultades al profeta del islam. Sufrió persecuciones que le obligaron a huir de La Meca con algunos de sus seguidores. Fue la llamada hégira, en el año 622 de la era cristiana. En Medina elaboró sus dogmas, organizó su culto y predicó la guerra santa contra los infieles de La Meca. Al cabo de ocho años de ausencia, al mando de un ejército, regresó triunfalmente a ella en el año 630. Dispuso destruir los ídolos de los infieles y reconquistó para su dios la piedra negra del santuario de la Kaaba, que había sido motivo de adoración por las tribus árabes aun antes de la fundación del islamismo. Mahoma, que fue teólogo y además un hábil político, sólo necesitó una década para establecer y difundir su religión por India, Persia, China, Indochina, África y parte del Asia.
El islamismo se dividió más tarde en dos grandes corrientes: la de los sunitas y la de los chiitas. Los primeros reconocen solamente la autoridad religiosa y política de los imanes-califas descendientes de la tribu de los Qurayshíes, a la que perteneció Mahoma. Rechazan, por impostora, toda otra autoridad. Los chiitas, en cambio, sólo acatan la línea de mando de Alí, el primo de Mahoma, a quien éste habría designado como su sucesor.
Mucha sangre ha corrido y sigue corriendo por causa de esta disputa religiosa.
La parte dogmática del Corán, que es el libro sagrado del islamismo, reproduce algunos de los principios del judaísmo y del cristianismo. Proclama la unidad en Dios, a quien consideran un ser eterno y todopoderoso, que por un decreto suyo absoluto e inmutable predestina a sus criaturas a las delicias del paraíso o a las torturas del infierno. Establece la misión profética de Mahoma, único elegido y enviado de dios en la Tierra. Manda creer en los ángeles y el demonio, en la vida eterna, en la resurrección de los muertos y en el juicio final.