deporte

          Derivado del latín tardío disportare, que significa “esparcir”, este término llegó al castellano por intermedio del inglés to disport = “distraerse”, “entretenerse” o “divertirse” y designa la actividad física realizada con fines lúdicos o de competición, cuya práctica demanda entrenamiento, organización y sujeción a reglas. En su acepción más amplia comprende diversas disciplinas: juegos deportivos, gimnasia, natación, lucha, boxeo, yudo, kárate, esquí, patinaje, marcha, navegación, ciclismo, levantamiento de pesas, tiro al blanco, esgrima, pruebas ecuestres y disciplinas atléticas de velocidad, saltos y lanzamientos.

          Todas estas actividades deportivas se realizan con sometimiento a códigos y reglamentos de aceptación general y están regidas por autoridades nacionales e internacionales formalmente establecidas y reconocidas.

          El deporte nació en las épocas más remotas de la humanidad, como lo prueban los vestigios arqueológicos. Muchos frescos antiguos testimonian las hazañas de los campeones deportivos de aquella época. Es presumible que su origen sea la guerra y la cacería, y que las carreras de los hombres primitivos para escapar de los animales salvajes o para cazarlos, los saltos para franquear obstáculos naturales, las travesías a nado por los cursos de agua, el uso de lanzas en las faenas guerreras y la lucha cuerpo a cuerpo con los enemigos hayan inspirado, por obra del espíritu lúdico del hombre, sus primeras actividades deportivas que lo llevaron a competir con los demás en destreza, fuerza o habilidad.

          Ciertas modalidades deportivas  —como el boxeo, la lucha, el kárate, el yudo, el taekwondo, el kendo, el tai chi, el kung fu, el jujitsu, el aikido, el tiro con arco o con armas de fuego, la esgrima, el lanzamiento de la jabalina, el lanzamiento de la bola, el remo y la equitación—  delatan las remotas vinculaciones del deporte con la guerra.

          Desde épocas muy lejanas la actividad deportiva formó parte de la cultura de los pueblos. Los antiguos egipcios fueron apasionados practicantes del tiro con arco y de las justas náuticas, los romanos midieron sus fuerzas en competencias de carruajes y en combates cuerpo a cuerpo y los mayas de la época precolombina practicaron un juego que consistía en pasar una pelota por un aro vertical (el tlachtli), en el que algunos han visto el antecedente del baloncesto. Pero la institucionalización de las actividades deportivas es gloria de los viejos helenos y responde a su principio de mens sana in corpore sano, que fue recogido por los romanos a través de su poeta satírico Juvenal (60-140 a. C.) en el verso 356, sátira X, de su única obra: Satyrae.

          La frase pretendía expresar el deseable equilibrio entre el desenvolvimiento del espíritu y el desarrollo físico, puesto que los griegos clásicos consideraban que el ser humano no era completo si no alcanzaba la armonía entre lo corporal y lo espiritual.

          La práctica deportiva, además de dar al ser humano vigorosas condiciones físicas, vitalidad, buena salud y tranquilidad de ánimo, contribuye a formar su personalidad y le proporciona grandes enseñanzas para la vida. Le enseña a trabajar en equipo  —abandonando los egoísmos y los individualismos—,  a saber ganar sin fatuidad y perder sin vencimiento, a soportar con entereza la adversidad y el triunfo con humildad. Le enseña que el éxito es hijo del esfuerzo, la abnegación y la preparación; que no hay éxitos improvisados ni gratuitos. Por eso la práctica deportiva es una asignatura obligatoria en los planteles educativos. Y por eso, además, todo buen deportista es generalmente un buen ciudadano.

          El deporte es el más grande espectáculo de masas de nuestros días y tiene una enorme importancia política. Los encuentros deportivos han sustituido a las guerras en la medición de fuerzas y de prestigios entre los Estados. Los héroes modernos ya no son los victoriosos guerreros sino las figuras estelares del deporte. Ellas además han reemplazado en buena medida a los diplomáticos clásicos en la promoción de la imagen, el prestigio y los valores de sus países. La popularidad de Pelé, Cassius Clay, Michael Jordan, Pete Sampras, André Agassi, Roger Federer, Michael Schumacher o Michael Phelps envidiarían los más notables políticos de cualquier tiempo.

          En la actualidad el deporte se ha convertido en un suceso de indudable importancia sociológica y política. Con su enorme poder convocatorio, reúne multitudes inmensas en sus escenarios. De modo que la presencia de la masa es una de las características del hecho deportivo. Los estadios, situados muchas veces en las zonas centrales de las ciudades, levantan murallas físicas y psicológicas para aislarse del mundo cotidiano y encerrar una atmósfera diferente, que sustrae a los espectadores de sus preocupaciones diarias, en una suerte de evasión de la realidad. La gente no acude solamente por la fruición de la belleza del deporte ni por el placer estético “libre de interés”, como diría Kant, sino también para desfogar los malos humores represados. Muchas veces las masas, perdedoras en la vida real, se identifican compensatoriamente con los vencedores en el juego.

          Juvenal (60-140), el más grande de los poetas satíricos latinos, sostenía en su empecinada crítica de la corrupción y decadencia de Roma que el pan y el circo  —panem et circenses—  eran los deseos más fervientes de un pueblo criado en el vicio y la molicie. Lo dijo en sus Sátiras. La frase fue reproducida siglos más tarde, en parecidos términos y con igual sentido, por el gobernante, sabio y poeta florentino Lorenzo de Médicis (1449-1492): pane e feste tengono il popolo quieto.

          Los fascistas de la primera mitad del siglo XX, maestros en el arte de la coreografía política, organizaron grandes espectáculos deportivos y atléticos para entretener a los pueblos. La masificación deportiva de los tiempos modernos sigue esta misma dirección. Sólo que ya no es un espectáculo nacional sino mundial a través de la televisión. Impecablemente montado por expertos en imágenes y comunicación, el espectáculo deportivo tiene hoy un alcance planetario. Los Juegos Olímpicos, la disputa de la corona mundial de los pesos pesados del boxeo, la copa del mundo de fútbol, los encuentros de baloncesto de la NBA, las competencias de fórmula 1, los partidos de la copa Davis o de un grand slam del tenis mundial, el Tour de Francia, el Giro de Italia o la Vuelta Ciclística a España atraen la atención de millones de espectadores alrededor del planeta y paralizan ciudades y Estados.

          El fútbol es, sin duda, el deporte que congrega las mayores masas en los estadios. Según datos de la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA), en el campeonato mundial de 1994 en Estados Unidos se registró un promedio de asistencia de 68.991 espectadores por partido en los estadios. Le siguen el campeonato mundial de Brasil en el 2014 con 52.760 asistentes de promedio y el mundial de Alemania del 2006 con 51.491.

          A partir de distintos criterios diferenciales se han propuesto tipologías para clasificar las actividades deportivas. Una de ellas las distingue en seis tipos: los deportes atléticos (carreras, saltos, lanzamientos, gimnasia, halterofilia, natación y ciclismo), los de combate (boxeo, lucha libre, esgrima, yudo, karate y otras artes marciales), los de pelota (fútbol, rugby, baloncesto, balonmano, voleibol o balonvolea, golf, tenis, tenis de mesa, waterpolo, squash, racket ball, críquet, hockey, béisbol y pelota vasca), los de motor (automovilismo, motociclismo, motocross, carting), los de deslizamiento (esquí, bobsleigh, trineo, patinaje sobre hielo) y los de navegación (remo, vela, esquí acuático, surf, windsurf, piragüismo). Otras tipologías dividen a los deportes entre individuales y de equipo o entre los de invierno y de verano. Existen también los llamados deportes de riesgo: paracaidismo, hangliding (alas delta), paragliding (parapente), bunji-jumping, montañismo, buceo, rafting, kayaking, motociclismo, motocross, supercross, cross-country, enduro, hare-scramble, escalada de murallas de roca y edificios y una amplia variedad de actividades lúdicas que lindan con la aventura.

 

 

                         1.  El atletismo.   Es la forma organizada más antigua del deporte. Tiene numerosas modalidades. Sus principales “pruebas de campo” son las carreras de velocidad de 100, 200 y 400 metros llanos, las carreras de velocidad con vallas de 110, 200 y 400 metros, las carreras de medio fondo que van de 600 a 5.000 metros, la carrera de fondo de 10.000 metros, la maratón, las carreras de relevos para equipos de cuatro componentes con distancias de 100 y 400 metros, las carreras de obstáculos (7 fosas de agua y 28 vallas) de 3.000 metros de distancia, las pruebas de marcha que oscilan entre 1.500 metros y 50 kilómetros, el salto de altura (la mayoría de los saltadores de hoy usan el estilo denominado fosbury flop, creado por el atleta estadounidense Dick Fosbury en los Juegos Olímpicos de 1968, que dejó atrás es estilo anterior denominado rodillo ventral), el salto con pértiga (en 1988 Sergei Bubka, considerado el mejor saltador de la historia, superó los 6 metros de altura), el salto de longitud, el salto triple, el lanzamiento de peso (la bola en la categoría masculina es de 7,26 kilogramos y en la femenina de 4 kilos), el lanzamiento de disco (un plato de madera con borde metálico), el lanzamiento de martillo (una bola de 7,26 kilos de peso unida a un cable con asa), el lanzamiento de jabalina (una especie de lanza de metal liviano), el pentatlón masculino (incorporado en los Juegos Olímpicos de Estocolmo en 1912) que comprende lanzamientos de disco y de jabalina, salto largo y carreras de 200 y de 1.500 metros lisos; el pentatlón femenino (introducido en 1977 en el Campeonato del Mundo en San Antonio de Tejas), el decatlón masculino (que consiste en diez pruebas que se desarrollan durante dos días, en este orden: 100 metros lisos, salto de longitud, lanzamiento de peso, salto de altura, 400 metros lisos, 110 metros vallas, lanzamiento de disco, salto con pértiga, lanzamiento de jabalina y 1.500 metros lisos); el heptatlón femenino que se realiza en dos días con las pruebas de 100 metros vallas, lanzamiento de peso, salto de altura, salto de longitud, 200 metros lisos, 800 metros lisos y lanzamiento de jabalina; el triatlón que comprende natación, bicicleta y carreras; y la maratón de 42 kilómetros y 195 metros que se corre en las calles de una ciudad.

 

 

                         2.  La gimnasia.   Es una forma sistemática de ejercicios físicos con propósitos terapéuticos, educativos o de competencia. La gimnasia terapéutica ayuda a atenuar los dolores o molestias físicas o a rehabilitar funcionalmente a personas discapacitadas. Los programas de gimnasia educativa se proponen conferir fuerza, ritmo, cadencia, coordinación, equilibrio y agilidad. Y la gimnasia competitiva incluye varias pruebas diferentes, cada una de las cuales comprende ejercicios obligatorios y ejercicios libres. Las principales son los movimientos acrobáticos y rítmicos parecidos a la danza, realizados sin aparatos sobre un tapiz de doce metros cuadrados, que en el caso las mujeres se hacen al ritmo de la música y se acompañan con pelotas, mazas, aros y cintas; los ejercicios pendulares y circulares, con las manos como único apoyo, efectuados sobre un caballo gimnástico con dos aros de metal fijos; el salto a lo largo de un potro de madera (de 1,6 metros de largo por 1,35 de alto) seguido de maniobras acrobáticas que terminan con una caída controlada; los ejercicios de giros, balanceos, torsiones del cuerpo y cambio de agarre sobre dos barras paralelas de madera; los movimientos y giros rápidos, con cambios de agarre y de dirección, efectuados sobre el eje de una barra metálica colocada a 2,57 metros de altura sobre una colchoneta protectora extendida en el suelo; los movimientos con dos argollas de madera suspendidas por una correa a 2,57 metros de altura y separadas entre sí por 50 centímetros, agarradas cada una con una mano, que ponen a prueba la fuerza, la coordinación y la precisión del gimnasta; las maniobras realizadas en dos barras de madera paralelas pero colocadas a diversa altura: la superior a 2,3 metros del suelo y la inferior a 1,5 metros, en que el gimnasta pasa de una barra a la otra por medio de giros, saltos y equilibrios realizados por encima o por debajo de ellas; las pruebas de movimientos, giros, saltos y equilibrios sobre una viga de madera de 10 centímetros de ancho y 5 metros de largo, colocada a 1,2 metros sobre el suelo; y los ejercicios gimnásticos sobre la cama elástica de 5,05 metros de longitud por 2,91 metros de latitud colocada sobre el suelo. Esta nueva prueba gimnástica, inaugurada en los Juegos Olímpicos de Sydney en el 2000, tiene 200 años de tradición en los circos y fue utilizada en los programas de entrenamiento de los pilotos de la II Guerra Mundial. La cama elástica fue inventada por el francés Du Trampolin, hace más de dos siglos, para amortiguar las caídas del trapecio.

          La gimnasia probablemente se inició en el antiguo Egipto, donde solían realizarse acrobacias circenses. Los hombres de la civilización minoica  —que se desarrolló en la isla de Creta entre el año 2600 y el 1200 antes de la era cristiana—  practicaron el salto del toro, según se desprende de las pinturas de aquella época: corrían hacia el animal de frente, se impulsaban en sus cuernos y, antes de ser embestidos, ejecutaban una pirueta en el aire para caer sentados en el lomo y apearse rápidamente. En la Grecia clásica se practicó la gimnasia para el mantenimiento de la condición física de las personas, el entrenamiento militar y el adiestramiento de los atletas. Después los romanos aplicaron sistemas gimnásticos como parte de sus programas de preparación física de los militares.

          Los alemanes en la segunda mitad del siglo XVIII fueron quienes desarrollaron las modernas técnicas de la gimnasia. El primer profesor de ellas fue Johann Friedrich Simon en 1776 en la escuela de Basedow, en la ciudad de Dessau; pero se considera que el padre de la gimnasia moderna fue el educador Friedrich Ludwig Jahn, quien fundó en 1811 en Berlín un club gimnástico e inventó ejercicios con aparatos estáticos para desarrollar la fuerza física y la autodisciplina. En Suecia el gimnasta Pehr Henrik Ling inventó su propio sistema, que buscaba ante todo el ritmo y la coordinación de movimientos por medio de ejercicio con aros, mazas y pelotas pequeñas. Hacia finales del siglo XVIII en Estados Unidos se aplicó un sistema mixto entre el alemán y el sueco como parte de los programas de educación física para la juventud. Por esa época en Europa se crearon clubes gimnásticos y en 1881 se fundó la Federación Internacional de Gimnasia (IGF). Al reanudarse los Juegos Olímpicos en 1896 se incluyó esta disciplina para gimnastas masculinos; y la participación femenina se produjo por primera vez en 1928.

 

 

                          3.  La lucha.   Esta competencia es muy antigua, como lo demuestran los dibujos, las leyendas escritas en cuneiforme y los bajorrelieves sumerios, egipcios y babilonios. Se remonta a la época de una de las civilizaciones más antiguas de la prehistoria: la de los sumerios, que habitó entre los años 2300 y 1800 antes de la era cristiana los territorios ubicados entre los ríos Tigris y Éufrates, en el sur de lo que hoy es Irak.

          Escribe la Federation Internationale des Luttes Associees, al afrontar el tema de las raíces e historia de la lucha olímpica, que "hay muchos rastros históricos y arqueológicos de la lucha en el antiguo Egipto. Entre ellos, cabe mencionar, en particular, los dibujos descubiertos en las tumbas de Beni-Hassan que representan 400 parejas de luchadores. Estos dibujos, así como muchos otros vestigios, son testigos de la existencia de corporaciones de luchadores en el Antiguo Egipto, reglas de lucha y códigos de arbitraje. Para los griegos, la lucha era una ciencia y un arte divino, y representaba la más importante formación para los jóvenes".  

          En los Juegos Olímpicos de la antigua Grecia se practicaba el pancracio, que era una combinación de boxeo y de lucha. Los romanos hicieron ciertas modificaciones a esta actividad de los griegos y crearon la lucha grecorromana. La tradición de la lucha libre en el Japón se remonta a más de 2.000 años. Las civilizaciones de Oriente dejaron constancia documental de este tipo de combates. Siglos después, durante la monarquía absoluta europea la lucha fue acogida como espectáculo por algunas casas reales, entre ellas las de Inglaterra y Francia. Los pueblos indígenas de América practicaban también la lucha libre. Mongolia tiene una larga tradición en ella, lo mismo que la India y Pakistán. En los primeros Juegos Olímpicos de la era moderna celebrados en 1896 la lucha grecorromana formó parte de las competencias y el estilo libre se introdujo por primera vez en los Juegos Olímpicos de 1904.

          Hay dos clases de lucha: la grecorromana y la de estilo libre. Ambas tienen la misma duración: dos períodos de tres minutos con un descanso intermedio de 30 segundos. La lucha grecorromana, muy popular en Europa, se practica en todo el mundo. La diferencia básica entre ambos estilos es que, en la lucha libre, está permitido a los contendientes usar todo su cuerpo en el combate  —con agarres por debajo de la cintura y el uso de sus piernas—  por lo que ella tiene mayor variedad de llaves y recursos, mientras que en la grecorromana sólo se pueden aplicar las llaves por encima de la cintura y está prohibido usar las piernas para atacar o defenderse.

          Tanto en la lucha grecorromana como en la lucha libre (denominada también “catch as catch can”) los combatientes, usando varias presas y técnicas, tratan de someter a sus oponentes de modo que toquen el suelo con sus omóplatos, con lo cual ganan la pelea. Pero si ninguno de ellos lo consigue dentro del tiempo asignado, el ganador se determina por la cantidad de puntos acumulados a lo largo de la prueba, de acuerdo con el criterio de los árbitros y en conformidad con las reglas. En caso de empate el ganador se determina en un período suplementario de tres minutos de combate.

          Según la normativa de la Federación Internacional de Lucha Amateur (FILA), fundada en 1921, los combates olímpicos tienen un asalto único de cinco minutos que finaliza cuando un luchador consigue el derribo de su contendor o cuando se cumple el tiempo reglamentario, en cuyo caso triunfa el luchador que ha conseguido más puntos por las diferentes maniobras: agarres, reversos, escapes, inmovilizaciones, etc. Si ninguno de los dos ha alcanzado al menos tres puntos en los cinco minutos del asalto, deben luchar un período de tres minutos adicionales para definir el ganador.

          Existe también una pintoresca forma de lucha libre de exhibición profesional con fines de entretenimiento. La puesta en escena de los combates se prepara con antelación en un ring acolchonado y rodeado de cuerdas de 5,50 metros por lado. Los luchadores suelen presentarse estrafalariamente vestidos. Uno de ellos asume el papel de villano, amenaza y agrede deslealmente a su contendor, usa técnicas antirreglamentarias y con eso irrita a los espectadores, mientras que el otro aparece como víctima y se gana su simpatía. Al final, después de una sucesión de simulacros de golpes, llaves y tumbos, triunfa el “bueno” y la “vindicta pública” queda satisfecha.

 

 

                          4.  El boxeo.   Llamado también pugilismo (del latín pugil, que era en los tiempos viejos el gladiador que contendía a puñetazos), el boxeo tiene una antigua historia. En la Grecia clásica era un deporte popular que formó parte de los Juegos Olímpicos a partir del año 688 antes de la era cristiana. En lugar de guantes los boxeadores envolvían sus manos con cintas de cuero, dejando libres los dedos. En Roma  —conquistadora de Grecia militarmente en el año 146 a. C. pero conquistada culturalmente por ésta—  se practicaba también el boxeo y los púgiles solían llevar en sus puños el cestus, que era un aparato tachonado de clavos con el que mutilaban e incluso mataban a sus rivales, generalmente como parte del espectáculo de los gladiadores.

          La popularidad de este deporte declinó con la caída del Imperio Romano de Occidente.

          El primer registro de un combate de boxeo en los tiempos modernos apareció en Inglaterra en 1681, cuando el duque de Albermarle organizó un combate entre su mayordomo y su carnicero. El boxeo resurgió en Londres en el siglo XVIII, en que los contendientes luchaban sin guantes. El primer boxeador reconocido como campeón de los pesos pesados fue el inglés James Figg en 1719. En 1743 John Broughton, campeón de su tiempo, elaboró un conjunto de reglas para atenuar la dureza del boxeo, entre ellas la que prohibió golpear al oponente caído. Las reglas de Broughton estuvieron en vigor hasta 1838, en que empezaron a regir las del London Prize Ring. Con algunas modificaciones introducidas en 1853, estas reglas rigieron hasta que comenzaron a aplicarse las formuladas en 1865 por el marqués de Queensberry, que contribuyeron a racionalizar el boxeo y a superponer la habilidad sobre la fuerza. Ellas limitaron el tiempo de la pelea, proscribieron el combate con los puños desnudos, prohibieron las técnicas de la lucha libre y vedaron la agresión al rival en el suelo. El contendiente que permaneciera tumbado o sostenido sobre una rodilla durante 10 segundos perdía la pelea. Los combates se dividieron en asaltos de tres minutos, con un minuto de descanso entre ellos, y se desarrollaron en un espacio cuadrado y rodeado de cuerdas de 7,2 metros por lado, llamado ring. Los boxeadores fueron clasificados en diferentes categorías en función de su peso.

          En el siglo XX se produjo la profesionalización del boxeo y el sometimiento a reglas más precisas y al control por organismos nacionales e internacionales. Cambiaron las dimensiones del cuadrilátero (6,10 metros por lado), se dispuso el uso de guantes acolchados de 224 gramos para la categoría de peso ligero y de 280 gramos para la de peso pesado, se limitó el número de asaltos a 12, se establecieron árbitro y jueces, se definieron las faltas, las penalizaciones y los sistemas de puntuación para decidir el vencedor en las peleas que no acaben por knock-out y se señalaron los motivos por los que el árbitro debe detener una pelea para evitar lesiones graves a un boxeador que esté en imposibilidad de defenderse.

          En el argot boxístico se denomina knock-out (K. O.) al golpe que derriba a un boxeador y lo pone fuera de combate o a la decisión arbitral de dar por terminada la pelea en caso de que uno de los boxeadores esté en imposibilidad física de continuarla sin peligro para su integridad; y se denomina K. O. técnico a la terminación del combate cuando un boxeador no acude a la llamada de la campana para el siguiente asalto.

          El objetivo del púgil es producir la caída de su rival a fuerza de golpes de puño  —el knock-down—  e incapacitarlo para ponerse de pies antes de diez segundos. Si no alcanza este objetivo el combate se decide por puntos, a criterio de un jurado compuesto por tres jueces en el boxeo profesional y cinco en el amateur. Existen distintos sistemas de puntuación. Durante muchos años el boxeo profesional inglés utilizó la escala de cinco puntos pero en 1973 adoptó la de diez, que hoy es la usual en el mundo. En cada round se asignan puntos a los boxeadores, de acuerdo con la escala de 1 a 10, dependiendo de su desempeño en conectar golpes limpios contra la parte frontal o lateral de la cabeza del rival o en su cuerpo por encima del cinturón y la eficiencia de su trabajo defensivo. Los jueces marcan los puntos mediante un dispositivo electrónico que tiene dos botones: uno rojo y uno azul, cada uno de los cuales corresponde a un boxeador. Si las acciones de ambos púgiles son equivalentes, se toman en cuenta otros factores: valentía, agresividad, estilo y técnica empleados, según el criterio mayoritario de los jueces.

          El boxeo tiene dos variantes: boxeo aficionado y boxeo profesional. Sus normas son diferentes. El primero tiene menor duración y en él los boxeadores cubren sus cabezas con protectores y utilizan guantes más pesados que los de los boxeadores profesionales para que los golpes sean menos contundentes. Tanto los boxeadores aficionados como los profesionales usan protectores bucales y protectores inguinales para su seguridad. En el boxeo aficionado el combate dura cuatro rounds de dos minutos cada uno por uno de descanso, y en el profesional, hasta 12 rounds de tres minutos por uno de descanso.

          El boxeo aficionado  —boxeo amateur—  se incorporó a los Juegos Olímpicos en 1904, aunque fue suprimido más tarde por su dureza. Pero en 1920

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